- 31 Dec 2025
- Category: Devocional
El Devocional: La Posición Que Dios Te Da
Génesis 50:2 (NTV) Después ordenó a los médicos que estaban a su servicio que embalsamaran el cuerpo de su padre, y Jacob fue embalsamado.
Este pasaje nos habla de José, un personaje muy conocido por haber recibido de su padre una túnica de colores y por haber sido el hijo favorito, por encima de sus once hermanos. Con José eran doce, y aunque fue el preferido, su vida no fue fácil ni color de rosa.
José enfrentó muchas dificultades: fue rechazado por su familia, traicionado por sus hermanos, vendido como esclavo, acusado falsamente, encarcelado injustamente y olvidado por un amigo que le había prometido interceder ante el faraón. Al menos seis pruebas grandes y dolorosas marcaron su vida. Sin embargo, ninguna de estas tormentas lo sepultó en el resentimiento ni en la amargura.
Todo lo contrario: Dios estuvo con él en cada momento. La Biblia recalca que, aunque fue vendido, Dios estaba con él. Cuando llegó a la casa de Potifar, fue encargado de todo, y todo prosperó allí porque la presencia del Señor lo acompañaba.
En la cárcel, en lugar de hundirse en la desesperanza, se convirtió en administrador de todo el lugar, recibiendo gracia y favor aun en medio de la adversidad. Finalmente, Dios lo llevó hasta lo más alto, colocándolo como ministro de finanzas de Egipto, la potencia mundial de su época. José administraba el tesoro, los recursos y las decisiones más importantes del reino.
Fíjate hasta qué posición lo llevó Dios. José no solo disfrutaba de la mejor comida, la comida real, sino que también tenía a su servicio médicos privados, funcionarios del gobierno y asistentes de toda índole. Incluso el mismo faraón se sometía a sus decisiones en lo relacionado con la administración del dinero y los recursos del reino.
Ahora bien, ¿qué lo llevó hasta allí? La vida de José nos deja enseñanzas claves que podemos imitar.
En primer lugar, José nunca se metió en problemas por su propia culpa. No hay registro en la Biblia de que haya mentido, robado, abusado de alguien o actuado injustamente. Nunca pagó mal por mal, ni siquiera cuando fue maltratado desde su niñez por sus hermanos. Su corazón permaneció limpio, lleno de bondad, gracia y misericordia.
En segundo lugar, José tenía clara su identidad. Si algo hizo bien su padre Jacob fue recordarle siempre que era un hijo amado, deseado y favorecido. Aunque fue vendido como esclavo, nunca se sintió como tal, sino como un hijo amado. Sus circunstancias no determinaban lo que él creía acerca de sí mismo; lo determinaba lo que su padre le había dicho.
Esa identidad la proyectó hacia Dios. José veía al Señor como su verdadero Padre. Aunque estuvo separado de Jacob, el padre celestial nunca lo abandonó. Por eso, la Biblia afirma una y otra vez que “Dios estaba con él.”
Queridos, José se mantuvo justo y recto, con una identidad firme como hijo, y con la convicción de que la presencia de Dios estaba a su lado en todo momento. Si tú haces lo mismo, Dios también te posicionará en grandes alturas.
ORACIÓN

Padre en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias porque tu Palabra siempre nos inspira, nos habla directamente al corazón y nos motiva a seguir el ejemplo de aquellos a quienes usaste en su tiempo.
Hoy aprendemos de José que en su corazón siempre hubo justicia y nunca pagó mal por mal. También aprendemos que su identidad como hijo estaba clara, y que siempre vivió confiando en tu presencia.
Señor, reconocemos que tu presencia no está limitada a un templo, sino que nos acompaña en todo lugar. Así como estuviste con José en la casa de Potifar, en la cárcel y en el palacio, te pedimos que también tu presencia vaya con nosotros en cada área de nuestras vidas.
Padre, ayúdanos a vivir con un corazón justo, sin resentimiento ni rencor, a no señalar ni hablar mal de nadie, sin importar lo que hagan contra nosotros. Danos la gracia de mantener siempre nuestra identidad como hijos amados, deseados y favorecidos por ti.
Hoy ponemos en tus manos a cada persona que participa de este devocional. Que puedan replicar en sus vidas las características de este gran soñador y recibir la posición que tú preparas para quienes te honran.
Gracias, Padre, por enseñarnos a través de José. Oramos en el nombre poderoso de Jesús de Nazaret.
Amén y amén.
¡Bendiciones!
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