Alfa 103.9FM
Una Señal Celestial

El Devocional: Apaga El Fuego

 

Salmos 39:3 (NTV) Cuanto más pensaba, más me enardecía, hasta que disparé un fuego de palabras.

 

Lo que el salmista expresa en este pasaje nace de una condición desfavorable que lo incomodaba profundamente, al punto de llevarlo al límite de sus emociones. Él mismo reconoce que, mientras más meditaba en lo que estaba viviendo, más se agitaba por dentro, hasta que no pudo contenerse y estalló en un fuego de palabras.

 

Piensa en algo que te molesta demasiado, que te enoja al extremo. Por ejemplo, cuando descubres que alguien habla mal de ti, te calumnia, inventa una mentira, un disparate, o te señala de algo que no hiciste. Naturalmente, nuestra reacción humana es preguntarnos: ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué me traicionó? ¿Por qué habla así de mí?

 

El problema es que, al darle tantas vueltas a lo ocurrido, le damos demasiada atención al problema y a la persona que nos hiere. Y ahí está el error. El mismo salmista lo explica: mientras más pensaba en la situación, más le ardía por dentro, hasta que terminó soltando palabras que no debía.

 

La Biblia nos aconseja hacer lo contrario. No debemos tratar de defendernos ni de arreglar las cosas por nuestra propia cuenta. Cuando alguien nos acusa falsamente, nos señala o nos calumnia, el camino correcto es poner ese asunto en las manos de Dios.

 

¿Por qué? Porque Él es un juez justo y pelea nuestras batallas. Si no tenemos nada que ocultar ni de qué avergonzarnos, no necesitamos dar la cara ni defendernos. Dios saca todo a la luz y vela por nuestro bienestar.

 

Por eso el consejo de la Palabra es claro: no te desgastes pensando demasiado en lo que otros dicen de ti. Eso daña el alma, enferma el corazón y puede llevarnos a pecar con nuestras palabras. El salmista mismo confesó que, a pesar de proponerse refrenar su lengua, de tanto pensar en lo ocurrido, terminó encendido por dentro y soltando un fuego de palabras.

 

Las palabras pueden llevarnos al pecado. El enojo genera odio, y ese fuego interior se convierte en un terreno donde el diablo quiere arrastrarnos. Por eso debemos ser más sabios y desarrollar lo que hoy llamamos inteligencia emocional.

 

La próxima vez que alguien te critique, te juzgue, te acuse falsamente o intente hacerte quedar mal, no le des tanta atención. Esa persona no merece un minuto de tu tiempo mental. No permitas que encienda un fuego en tu interior que termine llevándote a pecar con tus palabras.

 

La invitación de este devocional es clara: aprende a apagar el fuego que surge cuando otros te llevan al límite de tus emociones. Y para lograrlo, necesitas las fuerzas de Dios.

 

ORACIÓN

 

 

Padre Celestial, en el nombre de Jesús de Nazaret, te damos gracias porque tu Palabra es llena de sabiduría. Señor, reconocemos que ella nos instruye en todas las áreas de la vida: en el matrimonio, las finanzas, la paternidad, la fe y también en nuestras emociones.

 

Hoy entendemos que no vale la pena meditar en las acusaciones falsas ni en lo que otros hablan de nosotros. Confiamos en que Tú eres nuestro juez fiel y justo, y que basta con estar en orden delante de Ti.

 

Padre, sabemos que no podemos controlar lo que otros piensen u opinen, pero sí podemos controlar lo que hablamos. No permitiremos que un fuego de palabras salga de nuestra boca. No queremos pecar con lo que decimos ni ser arrastrados por el enojo.

 

Danos sabiduría y madurez emocional. Enséñanos a ser astutos, a no desgastarnos en lo que no vale la pena y a mantenernos firmes bajo tu guía. Bendice a cada creyente que se une a esta oración y fortalece su vida.

 

En tus manos los entrego, en el nombre poderoso de Jesús de Nazaret. 

 

Amén y amén.

 

¡Bendiciones!

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